Un desayuno con diamantes

Tras el inesperado regreso de él habían alcanzado el máximo grado de optimismo y bienestar.

Y una mañana, de esas que no se olvidan,  junto a su taza de café ella  encontró un regalo. Lo abrió con sonrisa temblorosa y ojos brillantes de felicidad.  No era un collar esta vez: quedó extasiada al ver el precioso anillo.  Cuando terminaron ese café , a sorbos y a besos, sabían que se casaban un día especial, repleto de ilusión, el 5 de Enero.

LOVE

Les esperaba el lugar… aquel sitio especial donde él había acudido casi diariamente en su ausencia, ahí, donde sentía flotar en el ambiente sus besos y las palabras «siempre juntos». La empedrada calle de blancas y bajas casas,  a pesar de ser estrecha,  permitía  a los vecinos tener decorados bancos con vistosos cojines de colores y mesas de madera para sus tertulias, una pintoresca costumbre. Y al final , al lado de un antiguo escalerón de piedra que bajaba a la playa, estaba el  pequeño restaurante donde brindaron por primera vez . En ese ambiente tan acogedor cenaron aquella noche y volvieron a brindar y a regalarse besos.

Como cada fin de semana  se celebraba verbena y acompañaba una espléndida luna que los dos contemplaron, después se unieron al baile y ella enseguida reconoció el juvenil LOVE de la tiendecita del puerto que lucía con viveza y pasión una muchacha…

Esa fresca noche de verano se respiraba AMOR.

Destello de sentimiento

Se habían echado mucho de menos, sin querer interferir uno en la vida del otro pero no puede el tiempo marchitar fácilmente la fortaleza del amor.

Regalarle el collar fue un destello de sentimiento. Compartieron el día en alta mar, aislados del mundo, sintiéndose. Lo necesitaban. Y él no quiso explicaciones, las únicas palabras que deseaba oír eran TE QUIERO.

Mágico momento

Paseó por el puerto y se acercó a la pequeña tiendecita con aquella mesa exterior repleta de atrayentes collares, sus  piedras desprendían extrema calidez. Collares  sencillos y sin embargo cautivadores. Y  entre todos volvía a destacar  UNO,  pero cuando fue a cogerlo alguien se le adelantó…

 «El collar entre sus manos es aún más precioso…», pensó ella .

Decididamente él colocó la bonita pieza en tan femenino cuello y le dijo: «Quiero que nuestros momentos sean tan transparentes y azules como esta piedra. Y que tu pecho sea también mi cobijo».Sintió que era bienvenida al cielo. Y venciendo la pérdida momentánea del sentido, besó sus labios entusiasmadamente.