Sin música. Sin velas. Solo la bañera con agua fría y mucho jabón de miel espumoso. Cierra los ojos y llega a desconectar de una forma insospechada.

Está desacostumbrada a viajar y aún no entra en sus planes, por las inoportunas variantes Delta y Lambda que le generan ciertos “pensamientos intrusivos” y restan alegría a su querer disfrutar plenamente. Pero cada día idea algo con lo que oxigenar ideas e incluso cambiarlas. Así que al salir de su bañera se encuentra totalmente apta para el movimiento y prepara la mesa: cena para dos en la terraza. Los árboles comienzan a bailotear y ya amaina el excesivo calor del día. Desea comenzar a vivir esa noche de verano, concentrada en el presente, sonriente, despacio, lejos de autoexigencias habituales y alboroto.

Estaba siendo una semana de logros: sin tele, sin radio y sin leer periódicos. Le parece que, para encontrarse en perfecto estado y óptimo funcionamiento, también ayuda no saber nada de aquellos que vienen demostrando no tener conciencia y suben la luz, los impuestos… y bajan la moral del ciudadano. Y además, esto la hace más creativa. Y de ahí su noche, noche de festival de amor, que sin duda iba a ser muy positiva.

 

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